Evangelizaci퀌_n y Adoraci퀌_n: Hacia una Evangelizaci퀌_n Doxol퀌_gica

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Introducción
Una de las primeras cosas que debiéramos tener en claro siempre que hablamos de evangelización es que ella representa mucho más que una mera técnica de transmisión de ciertas “leyes espirituales” o “cosas esenciales que debemos saber.” Ese tipo de contenidos termina siendo un reduccionismo que no tiene fundamentos sólidos en las Sagradas Escrituras. Representa, más bien, una especie de “técnicas de venta.”

El Evangelio, tal como lo expresa el Nuevo Testamento, es la exposición de la totalidad del propósito de Dios con la humanidad y con toda la creación, por lo tanto, la transmisión del Evangelio, es decir, la evangelización, implica un mensaje que expone lo que Dios se ha propuesto hacer con su creación a través de Jesucristo. ¿Cómo se vincula la evangelización con la adoración? ¿Cómo debe ser una evangelización que promueva la gloria de Dios? ¿En qué sentido la evangelización doxológica1 es un anticipo escatológico?

1. La evangelización doxológica es trinitaria en contenido y exposición
En el himno de Efesios 1.4-14 Pablo se refiere a las bendiciones espirituales que son nuestras en Cristo mostrando el plan redentor del Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Cada una de las personas de la Trinidad –en lo que la teología denomina “Trinidad económica”2– desarrolla su acción salvadora siguiendo un plan preelaborado eternamente. En efecto, Pablo dice que el Padre “nos escogió en él (Cristo) antes de la creación del mundo, para que seamos santos y sin mancha delante de él. En amor nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, según el buen propósito de su voluntad” (1.4-5).

Luego, en Jesucristo, tenemos redención, perdón de pecados y conocimiento del misterio de la voluntad de Dios, de reunir todas las cosas en Cristo y herencia eterna. Finalmente el Espíritu Santo nos sella como propiedad de Dios, garantizando así nuestra herencia en el Dios trino. Que esta breve síntesis del propósito de Dios es el Evangelio no hay duda alguna, a partir del hecho de que el propio Pablo dice: “En él también ustedes, cuando oyeron el menaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido” (1.13).

Por lo tanto, la acción del Padre, del Hijo y del Espíritu deben ser expuestas en toda evangelización que pretenda de ser bíblica. No se trata, simplemente, de reducir la evangelización a “venir a Cristo y aceptarlo como Salvador personal”, sino que la evangelización implica exponer cómo el Dios uno y trino está involucrado en un proceso salvador que se inició en la eternidad cuando nos eligió en Cristo. Es importante destacar que en este himno trinitario, cada una de las estrofas termina con la expresión “para alabanza de su gloria” (1,6, 12 y 14). En su comentario a Efesios, John Stott dice sobre esta última expresión:

La gloria de Dios es la revelación de Dios, y la gloria de su gracia es su autorrevelación como Dios de gracia. Vivir para alabanza de la gloria de su gracia es adorarlo con nuestras palabras y obras como el Dios de gracia. También significa hacer que otros lo vean y lo alaben.3

Por eso, podemos afirmar que la evangelización bíblica es doxológica porque tiende, siempre, a glorificar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. La evangelización doxológica es, en este sentido, profundamente teocéntrica ya que implica proclamar que

  1. el Padre nos eligió y nos predestinó en Cristo,

  2. el Hijo nos redimió con su sangre y nos hizo conocer el misterio integrador de todas las cosas creadas y
  3. el Espíritu es quien nos marca con su sello para mostrar que somos propiedad de Dios.

Una evangelización doxológica centra todo su énfasis en la acción de Dios antes que la acción humana. Destaca que la salvación es mucho más que una receta para ser feliz o para “tener éxito”. Se trata de conocer y predicar que el Dios uno y trino ha diseñado eternamente un plan salvador que está desplegando en la historia y convirtiéndola en una “historia de la salvación.”4

2. La evangelización doxológica promueve la gloria de Dios
Este segundo aspecto de la evangelización doxológica tiene que ver con las motivaciones. Hablar de motivaciones significa hablar de móviles y de impulsos. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Cuáles son las motivaciones más profundas de nuestras acciones? Estas preguntas son incisivas porque calan profundamente en nuestros corazones que, como dice la Biblia, son engañosos.

En todas las regiones del mundo vemos un gran interés en las misiones y en la evangelización. Sin embargo, no todo lo que se hace en esos terrenos está impulsado por la gloria de Dios. Es más: a veces hasta podemos sospechar que las motivaciones son carnales, como tener la iglesia más importante de una ciudad o de un país, tener renombre y fama como evangelistas, alcanzar el éxito que todos quieren seguir. Pablo mismo se refería a quienes “predican a Cristo por ambición personal y no por motivos puros” (Filipenses 1.17) y, a pesar de ello, el apóstol se alegraba. Sin embargo, la verdadera motivación de la evangelización es promover la gloria de Dios. Esto es lo que el mismo Pablo pone de relieve en otro pasaje: 2 Corintios 4. Se trata de un capítulo inserto en una sección que podríamos denominar misionológica y evangelística. En efecto, Pablo se refiere a que tenemos el Evangelio en vasijas de barro, que son nuestros cuerpos frágiles y mortales. Pablo define su misión evangelizadora en estos términos: “No nos predicamos a nosotros mismos sino a Jesucristo como Señor; nosotros no somos más que servidores de ustedes por causa de Jesús” (4.5). Y más adelante agrega:

Pues a nosotros, los que vivimos, siempre se nos entrega a la muerte por causa de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo mortal. Así que la muerte actúa en nosotros, y en ustedes la vida. Escrito está: “Creí, y por eso hablé.” Con ese mismo espíritu de fe también nosotros creemos y por eso hablamos. Pues sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará también a nosotros con él y nos llevará juntos con ustedes en su presencia. Todo esto es por el bien de ustedes, para que la gracia que está alcanzando a más y más personas haga abundar la acción de gracias para la gloria de Dios” (2 Corintios 4.13-15).

Este pasaje es demasiado rico y profundo en contenido, pero aquí sólo queremos destacar los siguientes conceptos:

  1. Hay una relación dialéctica que el apóstol expresa en el binomio muerte vs. vida. En la medida en que morimos, producimos vida en otras personas. De ese modo, la vida de Jesús resucitado se manifiesta en quienes creen en el kerygma.

  2. En segundo lugar, los que evangelizamos lo hacemos desde la fe: “Creí, por eso hablé.” Con ese mismo “espíritu de fe” debemos evangelizar.
  3. Y, tercero, todo lo que vivimos es para que la gracia que está alcanzando a más y más personas promueva la abundancia de acción de gracias para la gloria de Dios.

La evangelización doxológica es la que se hace con la motivación de promover la gloria de Dios en el mundo. Bien lo dice Culbert G. Rutenber:

Ningún acto en sí es cristiano: ni la predicación, ni la oración, ni hablar a los hombres acerca de Cristo. El acto es cristiano por el motivo. ¿Se hace por amor de Cristo y por el deseo de vivir para la alabanza de su gloria? Los cristianos hacen muchas cosas que los no cristianos hacen, pero por diferentes razones. Esto hace la diferencia absoluta.5

3. La evangelización doxólogica como prolepsis de la gloria eterna
Hay un tercer aspecto de la evangelización doxológica que desearía subrayar: se trata de la visión escatológica de la gloria. Teólogos como Jürgen Moltmann y Wolhart Pannenberg han destacado el lugar preponderante de la escatología en el kerygma apostólico. En efecto, ni el mensaje de Jesús ni la teología de San Pablo se podrían entender sin tomar en cuenta que el Reino de Dios es una realidad escatológica y que la escatología no es una simple especulación sobre el futuro sino que, como bien define Moltmann “significa doctrina acerca de la esperanza cristiana, la cual abarca tanto lo esperado como el mismo esperar vivificado por ella.”6

Por su parte Pannenberg subraya la categoría de la prolepsis7 en el mensaje apostólico y en el evento de la resurrección de Jesús. El Reino de Dios es una realidad del futuro de Dios, es decir, una realidad escatológica. Pero esa realidad se ha hecho presente en Jesús de Nazaret y, sobre todo, en su resurrección. En efecto, la resurrección de Jesús es un evento escatológico que, de alguna manera, anticipa el futuro del triunfo de Dios sobre todos los poderes de la muerte. Otro aspecto que hay que destacar de la teología de Pannenberg es que “apunta a su idea fuerza o paradigma propio de su teología, es decir, la revelación de Dios en la historia. La venida del Reino es el fundamento del mensaje de Jesús y, por lo tanto, sin la concreción de ese futuro, ese mensaje pierde su base.”8

Podemos sintetizar estos conceptos diciendo: El Reino de Dios es una realidad escatológica que se ha anticipado en el presente a través del evento Jesucristo y, fundamentalmente, su resurrección de entre los muertos.

Luego, la proclamación de Jesucristo, centro del kerigma es también, una manera de anticipar la gloria futura que todos los redimidos gozarán en la presencia del Dios trino en un nuevo mundo. Una evangelización doxológica debe ser una manera de anticipar la reunión de todas las cosas en Cristo. En palabras de Pannenberg: “Here is the eternal basis of God’s coming forth from the inmmanence of the divine life as the economic Trinity and of the incorporation of creatures, mediated thereby, into the unity of the trinitarian life.”9

Conclusión
Es necesario revisar nuestros conceptos de Evangelio y evangelización. Tales palabras, muchas veces han caído en reduccionismos que no representan la totalidad del kerygma apostólico. Una evangelización doxológica es trinitaria tanto en contenido como en exposición. En ese sentido, toda verdadera evangelización debe mostrar que no se trata de una mera “salvación del alma” o de un “encuentro con Cristo” en términos puramente individualistas que significa obtener “un pasaporte para el cielo.”

Evangelizar es proclamar lo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo realizan dentro del plan salvífico que abarca no sólo a las personas creadas a su imagen sino a toda la creación de Dios que hoy gime esperando la redención. La evangelización doxológica promueve la gloria de Dios y no la nuestra y, como tal, está muy lejos de ponderar “ministerios exitosos,” o “emprendimientos eclesiásticos” que se nos presentan como modelos a imitar.

La evangelización verdadera hace que las personas que la reciben vivan para la gloria de Dios. Finalmente, la evangelización doxológica es una especie de anticipo de la gloria eterna que todas las criaturas de Dios vivirán en los cielos nuevos y la tierra nueva, cuando Dios sea todo en todos.

1. Los términos doxológica, doxológico, doxología, se derivan del griego del Nuevo Testamento, en el cual el vocablo doxa significa “gloria.” Curiosamente el mismo término, en los clásicos griegos significaba opinión. Los griegos distinguían entre doxa y episteme, es decir, entre una mera opinión sobre algo un conocimiento cierto, seguro, hoy diríamos: “científico.”

2. Mientras la Trinidad inmanente apunta a lo que es en sí misma, en su comunión eterna, la Trinidad económica enfoca el modo en que la Trinidad se revela en la historia de la salvación.

3. John R. W. Stott, La Nueva Humanidad. El Mensaje de Efesios, Downers Grove: Certeza, 1987, p. 48

4. Esta expresión corresponde al término alemán heilsgeschichte. Sobre su significado véase Oscar Cullmann, Cristo y el tiempo, Barcelona: Estela, 1967, pp. 18ss. En un enfoque filosófico del tema, Karl Löwith dice: “Desde el punto de vista de la fe, puede decirse….que la historia de la salvación abraza todas las otras historias, porque la historia del mundo tiene su origen en el pecado original.” Historia del Mundo y Salvación. Los Presupuestos Teológicos de la Filosofía de la Historia, Buenos Aires: Katz editores, 2007, p. 226.

5. Culbert G. Rutenber, El Evangelio de la Reconciliación, El Paso: Casa Bautista de Publicaciones, 1973, p. 95

6. Jürgen Moltmann, Teología de la Esperanza, Salamanca: Sígueme, 1969, p. 20

7. Wolfhart Pannenberg dice que prolepsis es una categoría estoica que, aplicada a la fe, “is defined as an intelligent anticipation prior to secure comprehension.” Systematic Theology, vol. 3, Grand Rapids: Eerdmans, 1998, p. 145.

8. Alberto Fernando Roldán, Escatología. Una Visión Integral Desde América Latina, Buenos Aires: Kairós, 2002, pp. 46-47.

9. Pannenberg, Systematic Theology, vol. 3, p. 646


Alberto Fernando Roldán is Argentinian. He is pastor of the Presbyterian Church San Andrés in Buenos Aires, Argentina; director of the masters of religion program at the Theological Institute FIET; and director of the magazine Teología y cultura.